
La primera cuestión se refiere al objetivo que se persigue: aumentar el ritmo de producción, mejorar la ergonomía de los puestos de trabajo, garantizar la regularidad de la producción o reducir las tareas repetitivas de los equipos. Cada objetivo apunta hacia una solución técnica diferente.
A continuación, se analiza las limitaciones propias de cada planta:
espacio disponible, ritmo de producción que hay que mantener, requisitos de seguridad, diversidad de formatos de productos o compatibilidad con los equipos ya instalados. Ningún entorno de producción es igual a otro, recuerda Unista.
La tercera cuestión se refiere al nivel de automatización que conviene adoptar.
Automatizarlo todo no es siempre la mejor opción: el reto consiste en encontrar la solución más adecuada para cada etapa del proceso, en lugar de aplicar una lógica uniforme a toda la línea.
Por último, la última cuestión se refiere al futuro: nuevos formatos, nuevos productos, aumento de los volúmenes. Una solución de automatización adecuada debe poder evolucionar al ritmo de la actividad de la empresa, en lugar de quedar obsoleta ante el primer cambio.